MITOLOGÍA ANDINA

Tuesday, May 13, 2008

EL MITO DEL DIOS VICHAMA

Miguel Angel Silva, vía Huacho.info

Sobre el origen del hombre en el Perú, existen muchos mitos, dependiendo de la región donde se habitase (entiéndase las tres regiones naturales). Una de estos mitos, se ubica en lo que es actualmente el distrito de Végueta (provincia de Huaura).

Aunque nuestros antepasados, no tuvieron una escritura, aún estudiada, es gracias a la llegada de los españoles con una visión evangelizadora, emprendida por los sacerdotes de las órdenes religiosas, es que se ha podido recopilar la versión de forma oral y puesta en los libros.

Uno de los mitos en cuanto al origen del hombre en la costa peruana, es tomada por el mestizo Gómez Suárez de Figueroa más conocido como Inca Garcilazo de la Vega (Cusco 1,539 – Córdova 1,616) y del sacerdote de la orden de San Agustín Antonio de la Calancha (Chuquisaca 1,583 – Lima 1,654). El relato que a continuación presentamos se encuentra en su obra: Corónica moralizada del orden de San Agustín en el Perú, publicada el primer tomo en 1,638 y el segundo en 1,653.


“Pachakamaq decidió un buen día crear a un hombre y a una mujer. Pero una vez les hubo dado forma humana y vida, no se preocupó más de ellos. Y aquel hombre y aquella mujer empezaron a pasar hambre. Tanto padecieron que, al final, el hombre murió, agotada su resistencia. La pobre mujer al verse sola, desesperada y hambrienta, salió un día a extraer raíces para alimentarse y empezó a increpar al Sol entre sollozos. Al oír tan tristes lamentos, el Sol se compadeció de la desdichada y bajó a la tierra, envuelto en un manto centellante, y le infundió sus rayos fecundándola. A los cuatro días, con enorme gozo para ella, parió un hijo. Dio las gracias la mujer, al Sol, por el bien que le había hecho.

Pachakamaq, entró en celos al ver que el Sol había intervenido en su obra, la siguió, y cesando vio que el astro rey había desaparecido, le arrebató al semidios recién nacido y sin atender los gritos de la madre infeliz, lo mató, despedazándolo en menudas partes su cuerpecito. La mujer imploró al Sol para que diera castigo a Pachakamaq, y éste asustado de que lo encontrara con los restos sangrantes del niño, hizo un hoyo y lo enterró rápidamente. Pero Pachakamaq quiso remediar la falta de alimentos de la mujer y procedió a sembrar los dientes del pequeño y de ellos nació apretado el maíz. Sembró las costillas y los huesos y de ellos nacieron las yucas y las demás frutas de esta tierra. Sembró la carne y de allí procedieron los pepinos, los pacaes y demás árboles y desde entonces hubo abundancia de alimentos y no se conoció hambre sobre la tierra. Pero no se aplacó la madre, porque cada fruto tenía que recordar a su hijo y a un fiscal de su agravio, y no cesó de clamar al Sol el justo castigo para el malvado. Al oír aquello, el dios se condolió de la pobre mujer y se enfureció contra Pachakamaq. Al instante bajó a la tierra para castigarle, pero aquel se ocultó donde sabía que jamás penetraban los rayos del sol. El dios para poner remedio a sus penas mandó a la madre que le entregara el ombligo y el cordón umbilical del niño muerto y ella se lo dio. Con ello creó un nuevo hijo y se lo dio a la madre diciéndole: toma y envuelve en mantillas a este niño que llora y se llamará Vichama. Esta vez nadie te lo arrebatará porque yo velaré por él durante el día, y de noche lo pondré bajo custodia de la luna. La madre lo hizo así y crió al infante que iba desarrollando muy hermoso y ya joven; quiso andar el mundo como su padre el Sol.

Vichama, se apartó de su madre, y anduvo leguas y leguas, y estuvo lejos de los suyos largo tiempo, y decidió regresar a su tierra natal. Cuando estuvo cerca del sitio donde tenían la choza, él y su madre, quedó muy extrañado al ver que cerca de allí habían otras cabañas. Entró a su choza y no encontró a su madre, salió a fuera y se halló ante una multitud de hombres y mujeres que jamás había visto.

Aprovechando la ausencia del muchacho, Pachakamaq mató a la mujer que ya estaba vieja, y su cuerpo la dividió en pequeños trozos y los dio a comer a gallinazos y cóndores. Sus cabellos y huesos, los guardó escondidos a orillas del mar, y púsose a crear los hombres y mujeres que poblaban el mundo. Vichama, lleno de ira comenzó a buscar a Pachakamaq para matarle. Pachakamaq decidió sumergirse en el fondo de las aguas del océano, donde ahora se levanta su templo, y ahí permaneció para siempre. Vichama, lleno de dolor, dirigió su ira a la gente que Pachakamaq había creado, considerando que eran sus cómplices. Invocó a su padre el Sol y al instante lanzando una maldición convirtió en piedra a los pobladores.

Vichama, comenzó a buscar los huesos de su madre para poder resucitarla, buscando al tercer día encontró los restos de la pobre mujer, los juntó, les echó un poco de arena, e invocó a su padre y al instante su madre apareció lleno de vida.

Vichama pidió a su padre el sol, que convirtiera a las piedras en huacas, algunas distribuidas en la costa para que fueran objeto de culto y otras las pusieron dentro del mar que son peñones y escollos que hay frente al litoral y a la cuales ofrecían cada año láminas de plata, chicha y espiga. Entre éstas huacas existió Anat, un pequeño islote que decían haber sido el kuraka de este nombre.

Viendo Vichama que el mundo estaba sin hombres, le rogó que hiciera una nueva creación y él dejó caer entonces tres huevos, una de oro, el segundo de plata y el último de cobre. Del huevo de oro salieron los kurakas, y los nobles principales o segundas personas; del de plata, las mujeres de éstos y del de cobre los plebeyos o sea los mitayos y sus mujeres.

Este mito era creído entre los indios de Huaura, Supe, Barranca, Aucallama, Huacho y Végueta.

Sunday, April 20, 2008

LEYENDA DE PACARITAMBO O DEL CERRO TAMPUTOCO

Llamada también Leyenda de los Hermanos Ayar.

Por Oscar Espinar La Torre *

-Según esta leyenda, en tiempos muy lejanos, de tres ventanas del cerro Tamputoco salieron los hermanos Ayar, con sus respectivas hermanas. Sus nombres eran: Ayar Manco, Ayar Cachi, Ayar Uchu y Ayar Auca. Sus hermanas eran: Mama Ocllo, Mama Huaro, Mama Ipacura y Mama Rahua. Las cuatro parejas marcharon en dirección al Cuzco en busca de tierras fértiles…

Los hermanos convierten en piedra a Ayar Cachi

-Ayar Cachi era el más fuerte y de cada hondazo que arrojaba formaba una quebrada, alarmando a los hermanos por su poder. Con engaños lo hicieron volver a Tamputoco en busca de ciertos vasos de oro y semillas.

-Una vez que Ayar Cachi entró en la cueva, le cerraron la entrada con una piedra grande y le dijeron que allí quedaría siempre. Al escucharlos, Ayar Cachi comenzó a dar fieros gritos con tanta fuerza que temblaba la tierra, se abrían los montes, se estremecían los cielos. Cuenta la leyenda que los hermanos siguieron su camino y que, de pronto, Ayar Cachi se les apareció dotado de alas. Se posó cual un cóndor gigantesco en la cumbre del cerro Tampu Quiro y les ordenó fundar el Cuzco.

-siguieron caminando los hermanos hasta llegar a la vista del cerro Huanacaure y un día al amanecer vieron que el arco iris había salido y que uno de sus extremos caía sobre el mismo cerro, a lo cual Ayar Manco dijo a sus hermanos que era el signo de buen augurio y que desde ese cerro verían el lugar más apropiado para establecerse.

Ayar Uchu, convertido en piedra

En el camino los hermanos vieron una huaca y enviaron a Ayar Uchu a destruirla, pero al hacerlo quedó convertido en piedra, habiendo pedido a sus hermanos que, en recuerdo suyo, cuando hicieran la ceremonia del Huarochico, lo adoraran.

Entristecidos los hermanos continuaron su camino y bajaron por la ladera hasta el pie del cerro, ya cerca del valle del Cuzco…

La fundación de la ciudad imperial

-Ayar Manco mandó a Ayar Auca a que tomara posesión, de acuerdo a las costumbres de la época, del lugar que había de poblar (agregó Wiracocha, y continuó): Ayar Auca, de quien se dice que le habían salido alas, voló al sitio indicado y al llegar a posesionarse quedó convertido en piedra…

-¡Otra vez! (exclamó el niño). Sonriendo, el dios, dijo: -Sólo quedó Ayar Manco y sus hermanas quienes se establecieron luego en el Cuzco, en donde se fundó el poderoso y admirable Imperio de los Incas…

* OSCAR ESPINAR LA TORRE: "MITOS DEL ANTIGUO PERÚ"

LEYENDA DEL LAGO TITICACA

Llamada también Leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo

Por Oscar Espinar La Torre *

-Cuenta esta leyenda, (empezó Wiracocha) que el dios Sol, compadecido del estado de barbarie y anarquía en que vivían los pueblos, envió a sus hijos Manco Capac y Mama Ocllo, con el fin de unirlos y enseñarles a los hombres el arte de buen vivir y el culto al sol.

-¡Cómo fue ello! (exclamó Juan).

-Sonriendo, prosiguió el dios: “…Con este objeto les entregó una barrita de oro, encargándoles que por donde fueran buscaran introducirla en el suelo y en el sitio donde se hundiera, era su voluntad que allí fundaran la capital de Imperio y redimieran a las gentes…”

-¿Se hundió al fin? (preguntó el niño).

-…Obedeciendo el mandato divino, la pareja salió de una de las islas del lago Titicaca y se dirigió hacia el norte en busca del sitio donde establecerían la cuidad imperial.

-Después de varios días de viaje y de hincar infructuosamente el suelo, llegaron al cerro Huanacaure y allí la barretilla se hundió al primer golpe. Entonces, en ese lugar, Manco Capac y Mama Ocllo fundaron la capital del Imperio Incaico.

-¿Qué sucedió luego? (inquirió Juan)

-…Inmediatamente Manco Capac sojuzgó a los naturales de ese lugar y otros aledaños, diciéndoles que su padre l Sol los había enviado para que fueran sus maestros y bienhechores…

La misión de los enviados divinos

-Manco Capac enseño a los hombres los secretos de la agricultura como el cultivo de la tierra, el sembrío de las semillas y la fabricación de instrumentos necesarios para dichas faenas…

También les enseñó a construir sus casas, los caminos, sus acueductos, etc.

-Mama Ocllo, por su parte, enseñó a las mujeres a hilar y a tejer, a confeccionar vestidos y realizar labores domésticas, como cocinar, lavar, etc.

Así empezó la legendaria civilización de los incas, según la leyenda del lago Titicaca. Más hay otra, igualmente bella, acerca del origen del Imperio Incaico.

* OSCAR ESPINAR LA TORRE: MITOS DEL ANTIGUO PERÚ

Sunday, April 13, 2008

LOS PURURAUCAS

La leyenda inca cuenta que cuando los chancas invadieron el Cusco en 1438, el principe Cusi Yupanqui (Pachacútec) logró derrotarlos con ayuda de los Pururaucas. Veamos quiénes fueron estos guerreros míticos en el siguiente artículo de Raúl Porras Barrenechea, vía el portal de la UNMSM.

La leyenda de los Pururaucas*
Raúl Porras Barrenechea

Decía Tomás Carlyle, el mayor exaltador de los héroes en la Historia: "Existe un deber sempiterno que impera en nuestros días, como en los días de ayer, como en todos los tiempos: el deber de ser valientes".

El hombre necesita libertarse del temor, que es instinto natural que lo ata y esclaviza, y marchar adelante en todas las ocasiones, por difíciles que sean, portarse como se portan los hombres, confiando en su destino, desafiando los obstáculos y adversidades, con el solo apremio de vencerse a sí mismo, subyugar el temor y hacerle morder el polvo de sus pies, como aconseja Carlyle.

Para avivar el culto del valor marcial de un pueblo, ningún estímulo mejor que el de los ejercicios viriles, el desarrollo de las fuerzas físicas, el adiestramiento en la lucha, la agilidad de los músculos y la práctica fecunda de la solidaridad social que favorecen los entrenamientos colectivos y hacen más sincera y más cierta la idea de un origen y de un destino común, que es la Patria. Ese sentimiento solidario adquirido en la fatiga del esfuerzo compartido, se aviva, sobre todo, con el estímulo espiritual que nos viene del fondo de nosotros mismos, tocado de esa forma de grandeza que tiene todo aquello que atraviesa los siglos por medio de la tradición.

El pueblo incaico, al que algunos cronistas e historiadores se empeñan en pintar como un pueblo apacible, tímido y fatalista, tuvo en sus días de auge el culto del valor y la vocación por la milicia. La educación de la juventud, la vida del plebeyo y del noble, –el trabajo, la fiesta y la oración– tendían a exaltar entre los Incas, los sentimientos de virilidad y de poderío, la conciencia del triunfo contra las fuerzas hostiles de la tierra y contra las tribus díscolas desconocedoras del signo de grandeza del Imperio. La más grande emoción del pueblo incaico y la visión más genuina del Cuzco Imperial, no es la de los días de siembra y de cosecha, con sus ingenuas rondas y cantos de alegría rural, ni tampoco el solemne espectáculo sacerdotal del Inti Raymi, no obstante la vocación agrícola de los primitivos pobladores; sino el estruendo guerrero de los días de preparación militar y la estrepitosa algazara de la entrada de los Incas victoriosos al Cuzco.

La educación de la juventud que había de marchar a la guerra, se inspiraba en principios de disciplina, de abstención rigurosa, de estoica resistencia y en ejercicios de agilidad, fuerza y destreza. A los dieciséis años los jóvenes nobles eran sometidos a prueba –en el ayuno en Colcampata, comiendo sin sal ni uchu o ají, absteniéndose de bebidas espirituosas–, corriendo desde el cerro de Huanacaure hasta la fortaleza de Sacsahuamán, casi legua y media, luchando en equipos contrarios, atacando o defendiendo la fortaleza, haciendo varias noches la vela de los centinelas y rivalizando en el manejo de la lanza y el arco, en puntería y en distancia. Todo el pueblo presenciaba y alentaba estos esfuerzos viriles. Los padres y parientes iban al borde del camino, en el que corrían sus hijos, para animarlos, "poniéndoles delante, dice Garcilaso, la honra y la infamia, diciéndoles que eligiesen un menor mal reventar antes que desmayarse en la carrera". Los simulacros de lucha eran a veces tan reñidos que algunos mozos eran heridos o morían en ellos por la codicia de la victoria. El mayor quilate de un guerrero indio era la impasibilidad ante el peligro. Los maestros jugaban con los discípulos, pasándoles las puntas agudas de las lanzas delante de los ojos, o amenazándolos herir en las piernas, sin que los jóvenes debieran siquiera pestañear o retraer algún músculo. Si lo hacían eran rechazados, diciendo que quien temía a los ademanes de las armas, –que sabía que no le habían de herir–, mucho más temería las armas de los enemigos y que los guerreros incaicos debían permanecer sin moverse "como rocas combatidas del mar y del viento". ¡Profunda y bien aprendida lección de estoicismo que admiró el conquistador español, cuando el caballo de Soto, llegó hasta el solio de Atahualpa, en desbocada carrera, salpicando con su espuma las insignias imperiales, sin que un sólo músculo del rostro del Inca se contrajera ante la insólita y desconocida amenaza!

La fiesta que podríamos llamar pre militar del Incario era el Huarachicu, en la que los guerreros nóveles, recibían, después de pruebas deportivas de carrera, de lucha, de arco y de honda, las insignias y signos militares, los pantalones o huaras y las ojotas y se horadaban las orejas para usar los grandes aretes distintivos de su rango. Ese día el pueblo bailaba repetida e incansablemente el taqui llamado huari, instituido por Manco Cápac, que duraba una hora y los jóvenes cadetes se presentaban ante el Inca que los exhortaba a "que fuesen valientes guerreros y que jamás volviesen pie atrás".

Otra visión del Cuzco de la época heroica es la de los días de salida de los ejércitos del Inca para expediciones lejanas o del retorno de éstos victoriosos y las ceremonias del triunfo guerrero. En los días de apresto bélico, el ejército llevando delante de sí el Suntur Paucar y la capacunancha con sus plumerías irisadas, iba rodeando el anda del Inca al son de las caxas, pincujillos, wallayquipus o caracoles, antaras y pututos, en un bullicio ensordecedor que hacía caer aturdidas a las aves del cielo. Los soldados aclamaban al Inca y entonaban sus Hayllis de guerra. Antes de emprender la jornada los sacerdotes hacían los sacrificios y alzaban su plegaria al Hacedor: "¡Oh sol, padre mío que dixiste haya cuzco y tambos, y sean estos tus hijos, los vencedores y los despojadores de toda la tierra; que ellos sean siempre mozos y jóvenes y alcanzen siempre victoria de sus enemigos!". El día del triunfo del Inca vencedor de los Chancas o de los Collas, llegaba anunciado por el ruido de su ejército y pasaba por la calle que llevaba al Coricancha, pisando los despojos y las armas de sus enemigos. Hombres y mujeres delirantes entonaban a su paso el haylli y loa de la batalla.

El triunfo de los Incas en todas sus campañas se debió, sin duda, a la superioridad de su organización política y social y al mayor adelanto de su técnica militar. Fue el champi o maza, con la punta de bronce, aleación que sólo los Incas conocieron en América, el más poderoso resorte o la verdadera arma secreta de las victorias incaicas. Pero lo fue también, principalmente, su moral heroica, su capacidad para la lucha y el sufrimiento y su confianza en sí mismos que es el mejor acicate del heroísmo.

La conciencia nacional del Incario se forjó repentinamente en el reino de Viracocha con el avance de los Chancas sobre el Cuzco y la huida del Inca hacia Urcos. La angustia del peligro ha sido siempre la gran forjadora del alma colectiva. Ante la feroz agresión de los Chancas a la ciudad imperial, surge la joven figura vencedora del príncipe Yupanqui, que convoca a los ayllus dispersos, recoge las armas abandonadas y se alista en contra del invasor. Los habitantes del Cuzco consternados ven salir al imberbe arrogante y temen que sea contraria su suerte ante la ferocidad, experiencia bélica y número de los Chancas. Sin embargo, el Inca joven regresa pocos días después vencedor, trayendo las cabezas de sus enemigos para ofrecerlas para una lección viril, a su padre anciano y a su hermano tránsfuga.

La causa de este milagro bélico está relatada en una leyenda que no figura por desgracia en los textos de historia nacional, no obstante ser una de las más bellas y sugestivas lecciones del espíritu heroico de los Incas. El joven Yupanqui relató, al regresar al Cuzco, que su victoria la debía no sólo al valor de sus soldados y a su resistencia desesperada sino a una ayuda divina que le había enviado su padre y Dios, Viracocha. El Dios, después de recibir los sacrificios que se le hicieron antes de la batalla, anunció al príncipe que le ayudaría y alentaría en la mitad de la lucha. Y contaba el príncipe valiente, que en el fragor de la batalla, cuando entre la gritería y sonido de trompetas, atabales, bocinas y caracoles, veían disminuir el número de los suyos a su alrededor, sentía que llegaban nuevos contingentes silenciosos que se incorporaban a pelear a su lado y extenuaban el empuje de los contrarios. Un rumor corrió entonces en el ejército incaico, seguro de su destino y del apoyo de sus dioses. Los soldados del Cuzco dieron voces anunciando a sus enemigos que las piedras y las plantas de aquellos campos se convertían en hombres y venían a pelear en defensa del Cuzco, porque el Sol y Viracocha se lo ordenaban así. "Los Chancas –dice Garcilaso– como gente creadora de fábulas, agoreros como todos los indios, desmayaron entonces en su ímpetu y cedieron en la lucha". Ellos mismos bautizaron a sus invisibles vencedores con el nombre de los Pururaucas, que quiere decir "inconquistados enemigos". Los pururaucas, dice la leyenda, después de vencer a los Chancas, fieles a su destino mítico se convirtieron en piedras. Cuenta otro cronista que desde entonces el mito de los Pururaucas fue uno de los más poderosos incentivos de las victorias incaicas. Los soldados del Cuzco entraban a la batalla animados por esa fuerza divina, incapaces de miedo, y los enemigos de los incas no osaban resistirles, tiraban las armas y se disgregaban, a veces sin llegar a las manos, al sólo grito que anunciaba la llegada de los hombres de piedra. Inca Yupanqui completó entonces su hazaña mítica. Afirmó que había visto en sueños a los Pururaucas y que estos se habían quejado de que, después de haberle prestado tanto favor, los incas los hubiesen dejado abandonados en el campo, convertidos en piedra, sin hacerles homenajes y ofrendas como a los otros dioses. El Inca Viracocha y sus capitanes fueron al lugar de la batalla y recogieron las piedras que el propio Inca indicaba ser de los Pururaucas y las llevaron en triunfo al Cuzco, donde fueron veneradas entre sus huacas más ilustres.

El mito de los Pururaucas es tan sólo una bella alegoría incaica para honrar el valor de las propias fuerzas y enaltecer la grandeza del Espíritu cuando los hombres sienten el acicate de la dignidad y del patriotismo, cuando son capaces del sacrificio y del riesgo, cuando se han educado en el roce del sufrimiento y del esfuerzo, cuando se han sobrepuesto al temor, entonces sus fuerzas se duplican y surgen junto a ellos los invisibles compañeros de granito, que desconocen el miedo y sólo saben el camino de la victoria. Los Pururaucas son los héroes silenciosos y leales que acompañan sólo a los que se atreven. Los Pururaucas son los traidores escondidos que acechan a los incrédulos y a los pusilánimes. Los Pururaucas no faltan nunca a la cita con los valientes. Son los enviados del optimismo, los mensajeros de la fe y de la confianza en nosotros mismos, los soldados de piedra de la convicción heroica. Son, sobre todo, la encarnación misteriosa de las fuerzas telúricas de la amistad secular entre la tierra y el hombre nativos, que se unen fielmente para rechazar al bárbaro extraño, transformando hasta las duras peñas y los árboles delicados, en corazones pujantes para el combate. Los Pururaucas son la primera expresión de un profundo y generoso amor: el sentimiento defensivo de la Patria.


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* Publicado en: Excelsior, Lima, ene-feb. 1945, N° 143-144, p. 23-24; Revista de Infantería, Chorrillos (Lima), agosto de 1950, N° 1, p. 339-342; y Equis, Lima, octubre de 1955, p. 11-12.

Wednesday, March 26, 2008

LA LEYENDA DE MANCO CAPAC Y MAMA OCLLO

También conocida como la Leyenda del Lago Titicaca, fue ralatado por vez primera por el cronista mestizo Inca Garcilaso de la Vega, en su obra Los Comentarios Reales:

"El sol, viendo el estado penoso de los hombres, creó una pareja: Manco Capac el varón y Mama Ocllo, su esposa y hermana; les colocó un cetro de oro y les ordenó ir por el mundo para civilizar a los pobladores. Les encargó fundar un reino, e implantar en él el culto al sol.

Manco Capac y Mama Ocllo salieron de las espumas del Lago Titicaca en la Isla del Sol (Bolivia), y avanzaron hacia el norte. El cetro de oro les serviría para encontrar el lugar ideal para la fundación del Imperio, pues en él se hundiría el bastón hasta desaparecer.

Decidieron separarse, marchando Manco Capac al norte y Mama Ocllo al sur del valle, para convocar a la gente y someterla. Los habitantes de todo el valle no tardaron en reconocerlos como seres sobrenaturales. Después de un largo recorrido, el cetro se hundió en el cerro Huanacauri. Manco Capac y Mama Ocllo se establecieron allí.

Manco Capac mandó a los que estaban con él instalarse en la parte alta del valle, que se llamó Hanan Cuzco; y Mama Ocllo colocó a los suyos en la pare baja o Hurin Cuzco. Ambos ayudaron a mejorar el lugar; enseñaron a los hombres que allí vivían a trabajar la tierra, a construir canales. A las mujeres Mama Ocllo les enseñó a hacer coser, cocinar y hacer telares."

Obtenido de: "http://es.wikisource.org/wiki/Leyenda_de_Manco_C%C3%A1pac_y_Mama_Ocllo"

Monday, September 03, 2007

GALERÍA DE DIOSES DEL ANTIGUO PERÚ

Conozcamos a las divinidades de nuestros antepasados, la mitología del Perú antiguo es una de las más ricas del Mundo. Disfruten esta galería de dioses y bienvenidos.

Monday, September 18, 2006

¿QUÉ SON LOS MITOS?

Los mitos son relatos más o menos fabulosos de sucesos acontecidos en tiempos remotos y protagonizados por dioses, seres imaginarios o humanos con poderes sobrenaturales. Generalmente narran el origen del mundo, es surgimiento de los elementos naturales o el nacimiento de un pueblo. Por ejemplo, en el mundo andino tenemos el mito de Wiracocha, el mito de Catequil o el mito de Pariaqaqa.

"La palabra "mito" deriva del griego mythos, que signfica "palabra" o "historia". Un mito tendrá un significado diferente para el creyente, para el antropólogo, o para el filólogo. Esa es precisamente una de las funciones del mito: consagrar la ambigüedad y la contradicción. Un mito no tiene por qué transmitir un mensaje único, claro y coherente. La mitología no es sino una alternativa de explicación frente al mundo que recurre a la metáfora como herramienta creativa. Entonces, los relatos se adaptan y se transforman de acuerdo a quién los cuenta y el contexto en el que son transmitidos. Los mitos no son dogmáticos e inmutables sino que son fluídos e interpretables".
( Idóneos)

Sunday, September 17, 2006

CATEQUIL, dios del Rayo.


Catequil fue hijo de dos antiguas deidades, Guamansuri y Cautaguan. La joven y bella Cautaguan tenía fieros hermanos, los guachemines, quienes capturaron y quemaron a Guamansuri cuando supieron que había seducido y embarazado a la diosa.

Los guachemines pusieron a Cautaguan bajo estricta vigilancia hasta que al poco tiempo dio a luz dos huevos. La diosa murió en el parto y sus hermanos arrojaron los huevos a un estercolero donde nacieron dos niños divinos: Catequil y Piquerao.

Catequil se hizo más fuerte, admirado y adorado desde Quito hasta Cusco. Él destruyó a los temibles guachemines y resucitó a su madre. Se dirigió al cielo y le pidió a su abuelo, el dios Atagujo que crease muchos pueblos para habitar y trabajar la tierra.

Catequil era venerado en la sierra norte como dios del rayo y el trueno y tenía un hermoso templo en Huamachuco. El lugar era muy frecuentado hasta que un día el Inca Atahualpa mató a sus sacerdotes y destruyó el templo, furioso por un oráculo que anunciaba su próximo y terrible final.


Máscara chimú